Viernes, 22 de Noviembre de 2019  
 
 

 
 
 
Opinión

Educación sexual integral desde los primeros años

Por Carlos Guajardo

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A partir de lo señalado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), la educación sexual se inicia desde el nacimiento, es decir, desde el instante en que se genera el contacto íntimo con el cuerpo de la madre. Nuestro país requiere con urgencia aprobar la ley que busca ampliar la educación sexual a los primeros años de la enseñanza básica de nuestro país.

La formación sexual no solo debe remitirse a una suerte de tecnicismo, como es el uso del preservativo, tomar una píldora anticonceptiva o el cuidado por las enfermedades de transmisión sexual. Hablar de educación sexual desde la integralidad del ser humano, involucra el respeto de la persona como ser: inviolable, valórico y con una diversidad de posturas ideológicas que deben ser respetadas por todos.

Nuestros niños y jóvenes deben tomar conciencia preventiva y afectiva frente a los elevados índices de enfermedades de transmisión sexual que aquejan a nuestro país, no solo por el VIH, también por la gonorrea, sífilis y clamidia, entre otras. La educación, es la mejor “arma” para la formación sexual integral, ya que tiene la oportunidad de ser un agente transformador de conocimientos, habilidades, actitudes y de la convivencia con el otro. Evitando el conservadurismo y el tabú típico, podremos provocar efectos importantes en comprender que lo sexual no solo incorpora aspectos físicos, sino que también emociones, trato digno y un enfoque de género no sexista.

Tampoco dejemos que la educación sexual en Chile sea solo responsabilidad de profesores de biología, ya que es un trabajo que toda la escuela debe afrontar, y que, a mi juicio no se debe limitar. Desde la educación parvularia podemos concretar acciones que sean conjuntas con la familia, donde los niños y niñas reconozcan, respeten y consideren su corporalidad de manera íntegra, y no desde un sentido vulnerable como ocurre.

De poco nos servirán los programas ministeriales que pongan el foco en solo una “cara de la moneda”, necesitamos una ley que a partir de un plan de educación sexual integral se posicione de manera transversal en los distintos sectores de la sociedad civil. Hay que dejar atrás los tabúes de la sociedad conservadora y proyectarnos hacia la sociedad compleja que cohabitamos.


 
 
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