Viernes, 22 de Noviembre de 2019  
 
 

 
 
 
Cultura y ciencias

Costumbrismo Rural, los Emporios de barrio

El ingeniero agrónomo de la Eco Granja Parque cordillera  Sergio Díaz Ramírez nos deleita con este artículo sobre los negocios de barrio.

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Hace unos 25 años se integró al rubro de almacén. Sin embargo, recuerda los antiguos emporios de hace más de medio siglo. Para lograr esto, no siempre se requiere rememorar nombres genéricos antiguos o caracterizar con vintage, muchas veces la atención personalizada o la libreta de apuntes, provoca la añoranza. 

Hace un tiempo un artículo sobre el almacén de don Gonzalo lo describió y distinguió como el ícono del almacenero de barrio, si ha pasado por esa atención, sin duda concordaría.

Hace ya medio siglo, los barrios eran diferentes. Múltiples actividades comerciales se han extinguido, otras han nacido, pero más que eso la forma de hacer negocio ya no es la misma.

Españoles e italianos dominaban el rubro de panaderías, pastelerías y ferreterías, muchos descendientes lo siguen haciendo, compatriotas también se esmeraban con una cálida atención.

Don Pocho, dos metros de bondad, sacaba de un gran frasco de vidrio los chocolates que cuadraban con el vuelto del chico que afirmaba los paquetes de azúcar y arroz a granel, hábilmente envueltos. Una pequeña libreta se transformaba en infinita con los pedidos del barrio, se decía que se anotaba con tenedor (es decir que se contabilizaba más de una vez la misma cuenta), a modo de broma.

Don Guillermo de la verdulería anotaba el pedido de doña Virginia quien en la quincena cancelaba la larga lista de pertrechos que sus niños requerían. Nuestro país, agrícolamente era diferente y las escasas frutas de los anaqueles eran de alto precio y de sólo mediana calidad.

Don Omar con maestría bajaba la bomba que medía milimétricamente el cuarto de aceite que doña María necesitaba. Un trozo de guaipe de vez en cuando era utilizado en la limpieza del frasco. Fideos y harina completaban su pedido, y a no olvidar 6 huevos mágicamente envueltos en papel de diario.

Sagradamente cada tres meses se olía el aroma de neopren en la reparadora de calzado, donde la media suela debía reponerse. Rollos de cueros, innumerables pares de zapatos a la espera del retiro y los característicos avisos de “No se fía “y “Pasado los 60 días, no se responde por los trabajos “, completaban el taller.

Don Hernán, brillantemente ya titulado de químico farmacéutico, instalaba su botica en el centro de Los Andes. Cuenta la leyenda que sus clientas se curaban con sus remedios naturales, su estampa de caballero y sólo una pizca de ingrediente activo. Grageas, sulfas y expectorantes seguían en la receta...

En el damero central o en barrio Centenario, innumerables negocios se desarrollaron en nuestra ciudad, como no recordar: El Trébol, El Granero, Carramiñana, Emporio Económico, Los Clarines, Botica Cóndor, Gomería Almonacid, Panadería La Fama, Carametro, Polo Norte, Relojería El Mago...

Emprendimientos caseros como “el cambio de revistas “, afloraban en los barrios, ya que estas instancias de lectura y entretenimiento eran bienvenidas en esos tiempos de mayor escasez de recursos. Revistas Ritmo, Zigzag, Ecran, Aladino, Peneca, Paula, Estadio, Farwest, Archie, Conan, Pepe Antártico, se cambiaban por unos humildes escudos de la época.

El silencio de las calles de barrio se interrumpía a menudo por sonidos y voces guturales de chinchineros, afilador de cuchillos, estira somieres, cambio de ropas, compro botellas, calentito el mote mei, atados de alfalfa, barras de hielo, las “guenas escobas” y el semanero...

El campo no estaba ajeno al comercio. Destartaladas camionetas, pequeños camiones o simplemente carretelas, se aventuraban en caminos de tierra con múltiples productos: ollas, menaje, frutas y verduras (sandias caladas), ropa, cajas de pollos con machos de un día y diversos abarrotes.

Don Gonzalo, el del Caracol, el del Smith Market, atraviesa las épocas, es el caballero antiguo, el que envuelve en papel, el que amasa sonrisas, el que ha sabido ocupar la modernidad sin perder la esencia del almacenero de origen..., si se lo encuentra, sin duda, concordará conmigo ...

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 
 
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