Sabado, 17 de Enero de 2026  
 
 

 
 
 
Opinión

Las consecuencias de la repitencia de curso

Por Carlos Guajardo.

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Hace unos días, el Centro de Investigación Avanzada en Educación de la U. de Chile (CIAE), dio a conocer un estudio en el que casi la mitad de los estudiantes chilenos se atrasa al menos un año en su educación básica y media (45%), generando con ello un rezago de dos años o más; incluso algunos no llegan a terminar su educación. Es labor del Estado y de los centros educativos buscar aquellas estrategias e incluso los recursos para dilucidar el por qué tantos estudiantes repiten o desertan del sistema.

Repetir hoy de curso, según el decreto de Evaluación, Calificación y Promoción del Ministerio de Educación, implica relevar el foco en las debilidades pedagógicas de los alumnos, más que en una decisión que se refleje en ‘la nota’. El dejar repitiendo a un niño o a un adolescente, trae consecuencias que pueden ser irreparables. Por ejemplo, está el daño a la autoestima al cual se someterá el alumno (burla de sus amigos, represalias de los padres, estigmatización de algunos profesores), el retraso de un año completo –que incluso se puede alargar en ciertos casos– que irá poco a poco descontextualizando al estudiante, dependiendo de la edad en la que éste se encuentre, la ausencia de acompañamiento de los padres y el escaso apoyo multidisciplinario de parte de la escuela (profesor jefe, psicólogos, educadores diferenciales, etc.). No podemos olvidar que algunos alumnos traen consigo una serie de problemas propios de la edad en la que se encuentran, del lugar donde habitan y de la disfuncionalidad familiar.

La educación para la vida, no puede estar predeterminada por una decisión en que un estudiante repite, sin antes haber velado por un acompañamiento desde el inicio del año escolar hasta el término de éste. Una opción, podría estar en que si a un niño o un joven le va mal en una o dos asignaturas, solo curse aquellas que son merecedoras de una nivelación de sus conocimientos, habilidades y actitudes. Sin la necesidad de atrasar un año completo en aquellas asignaturas que tiene buenos resultados.

Debemos ir cambiando los paradigmas que solo centran la mirada a partir de los resultados. El ser humano no solo aprende conocimientos disciplinares en la escuela, también debe desarrollar aquellas competencias y valores que le ayudarán a sobrellevar la vida diaria.


 
 
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