Domingo, 17 de Noviembre de 2019  
 
 

 
 
 
Opinión

Vibraciones musicales en la comarca. Pasión, calidad y comunidad en las veladas de Musicarte

Por  Abel Cortez Ahumada.

 

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¿Qué pasó esas cuatro noches de música? ¿Qué loca energía compenetró a músicos y público? ¿Qué produjo esa comunión entre asistentes y artistas? Sin duda, fue algo bello y algo bueno. Más allá del frío exterior, de las apretadas butacas atestadas de gente del Centro Cultural de Los Andes, se generó algo mágico. Algo que solo produce la música, esa práctica cultural inconmensurable y apasionante, para mí, la más alta construcción de las artes, como expresión de sentido humano, subjetividad y corporalidad.

El ciclo convocado por la Asociación de Músicos de Aconcagua, MUSICARTE, alternó en 4 veladas a reconocidos músicos de la comarca. La agrupación surge por la convicción de varios músicos, fruto de largas reflexiones e infructuosos intentos, de conformar un espacio de coordinación de acciones e intereses que interactúe con el público, las autoridades y las instituciones. Su primera gestión fue justamente producir este ciclo musical: “Aconcagua. La canción del Valle. Nuestros músicos, nuestra identidad”, que tuvo un rotundo éxito. Rudy  Wiedmaier, con sus bellas composiciones de rock conosureño o sus suaves acordes nostálgicos (07 jun.); Piel de Tigre, con su rock de alta intensidad, de cortes duros y melódicos (14 jun.); la Noche de las Cantoras (Lizzy Roots, Ara Donoso, Anngett y Antu Summer) que recorrieron el pop, la balada y ritmos latinoamericanos (22 jun.); para cerrar con el Flaco Johnson que, con varios invitados como Chungará, Poder Guadaña, Iyamba Reggae, Negro Sambo, MC Jona, entre otros, recorrió sus interpretaciones desde la música andina, popular, cumbia rock, culminando con un reggea que hizo estallar al público (05 jul.).

Música de alta calidad, con gran sonido y con un público que llenó todos los encuentros, expresión de un momento social y cultural en que proliferan bandas aconcagüinas, con diversas vertientes, con proyectos musicales y estéticos de gran calado. Esa misma noche, varios eventos convocaban a otros músicos en la pequeña ciudad de la comarca.

Pero vuelvo a la pregunta inicial, ¿qué pasó que hizo que se generara esa magia, esa energía entre los que asistimos? Yo he estado ahí mismo y en otros lugares, en actividades musicales. Pocas veces he sentido lo mismo. Aunque no tengo certeza meridiana, la última noche, me dio una idea impresionista de lo acaecido.

Aunque existan estructuras y regularidades largas, toda vida se expresa en coyunturas, en concreciones contingentes de un presente situado. Algo pasó en esa convergencia. Primero, ocupar la “Casa de la Cultura”, como se llamaba y aún se nombra al actual C. Cultural, y donde casi todos los músicos convocados se han formado, han tocado y son profes. El lugar ya estaba cargado por esa historia.

El hecho de que Musicarte, como organización y actor colectivo, precipitara la ocupación de ese espacio con un primer gran ciclo, debiendo la autoridad acceder y financiar, también estaba ahí, expresándose en los discursos, como el del “Chicho” Benítez, presidente de Musicarte.

Esto era como un paño de fondo.

Pero creo que el factor principal fue la relación entre los músicos y el público. Los artistas convocados son parte de la comunidad. Bandas y músicos con años y décadas de recorrido en escenarios nacionales e internacionales, y que una o dos veces al mes se presentan en Aconcagua. Han crecido como músicos en el contexto del derrotero de la ciudad y el país. Desde los años 80’s a la actualidad, desde la Dictadura hacia el Chile actual, democrático, desigual y en plena ebullición socio-cultural. Son amigos, familiares, conocidos, era la comunidad de la comarca la que se representaba como público y como artistas, posibilitándose una hermosa vibración colectiva. Fue un reconocimiento dado por un público que los conoce desde hace años. Fue una retribución de los músicos hacia la ciudad que aman y en la cual se han forjado, y hacia un público del cual también son comunidad.  El subtítulo del ciclo no pudo interpretar ni predecir de mejor manera el éxito del ciclo: “Nuestros músicos, nuestra identidad”. Sin duda, fue un hito en su recorrido y un hito en la conformación de las tradiciones culturales y musicales de nuestro territorio. Eso se sintió.

 


 
 
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