Lunes, 10 de Diciembre de 2018  
 
 

 
 
 
Opinión

Redistritaje, elecciones y soterramiento de la representación local

Por Pablo Rojas Torres, Mg. en Gobierno y Sociedad. Historiador. Mención en Ciencia Política

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En 2015 se promulgó la Ley 20.840 que sustituye el sistema electoral binominal por uno que apela a la proporcionalidad y a la inclusión mediante el método D`Hont. Discursivamente, y como parte de un anhelo por destrabar las políticas de amarre heredadas de la Dictadura, se enunció como un mecanismo fortalecedor de la representatividad del Congreso Nacional, empero otorgaba mayores posibilidades para que pudieran surgir nuevas alternativas y/o conglomerados políticos, alternos al duopolio que mantenían la Concertación/Nueva Mayoría y la Alianza/Chile Vamos.

Al menos, con los resultados de este domingo, la iniciativa parece haber generado efecto. Muestra de ello es la irrupción del Frente Amplio como coalición política alternativa (representación parlamentaria de 20 diputados y un senador) y lo que resulta más llamativo aún, con poder real para incidir en los distintos proyectos que el Ejecutivo envía para su tramitación al Congreso. No obstante, no olvidemos que como moneda de cambio para la reforma hubo que aumentar el número de representantes, tanto en la Cámara como en el Senado, además de reconsiderar los alcances de los distritos, situación que en la praxis “augura” una mayor representatividad de los territorios. Situación que pareciera no ser del todo cierta, o al menos con algunas conjeturas que se soterran en los estudios de caso.

Pues bien, en vista y consideración de los resultados obtenidos en la V región, el escenario ha dado cuenta de un matiz anacrónico (del cual hemos llamado la atención en más de una oportunidad) en donde los territorios y las distintas localidades han de tener una gran responsabilidad. A saber, una escasa representatividad de los intereses locales a nivel parlamentario, lo que confirma el nivel “in creciendo” de cooptación de la metrópolis sobre los territorios de segundo orden como hoy por hoy, producto de la cantidad de votos en juego, son los valles del interior.

Consideremos, a modo de ejemplo, que de los 8 diputados que entrarán a ejercicio en 2018, ninguno de ellos pertenece a las Provincias de Los Andes, San Felipe y Petorca, lo que se extrapola a la participación política; sea esta entendida en el nivel social comunitario o bien en el ámbito público institucional. Se excluye, claro está, el activismo empecinado y comprometido de algunos candidatos en los últimos seis meses en donde de manera mesiánica acaparan portadas visitando ferias, compartiendo tertulias y/o sencillamente fotografiándose con grupos de personas, intentando rescatar las impresiones de la gente para poder dar solución, o quizás simplemente para enarbolar cuñas para los distintos medios sin que ello tenga ningún fin electoral (nótese el sarcasmo).

Las consideraciones en uno u otro caso exigen un análisis parcelado que no puede ni debe ser generalizador, ni mucho menos fatalista. Todo lo contrario. Ha de ser un llamado de atención para organizarse, participar y estrechar lazos con distintas entidades, en distintos niveles, y con la mayor participación/integración posible para que el día de mañana pueda existir una alternativa real, local y consensuada que de cuenta de los verdaderos intereses de quienes dice representar (lo que deberemos dejar a merced de otros por 4 cuatro años), y no tan sólo se juegue su apoyo mediante el lobby posible con las Secretarías regionales para poder atender algún proyecto emblemático que adquiera notoriedad/exigencia pública.  Es menester dar cuenta que solo un candidato de la zona (P. Ávila) haya logrado sobrepasar los 5 puntos porcentuales en las comunas de Los Andes y San Felipe, no obstante, con un porcentaje minoritario en la totalidad del distrito (2.39%). 

Vista así la situación, una cuestión parece clara: la institucionalidad vigente es y siempre será perfectible, como también lo son los factores que enlazan interdependientemente a la ciudadanía y la administración gubernamental/estatal. Debido a ello, si bien hoy por hoy la implementación de la reforma electoral ha dejado atrás el Binominal, permitiendo la emergencia de una nueva coalición política, los resultados a nivel parlamentario (sobretodo a nivel de diputados) parecieran acentuar las dicotomías que existen al interior de nuestra región. Por lo mismo, y aunque sea majadero, es valedero reflexionar acerca de los pro y los contra que nos llevan a ser parte de una unidad regional que se manifiesta cada vez más fracturada a nivel identitario, repartición de recursos y (ahora) representación/participación política; aunque más importante aún, es reflexionar y analizar las falencias que hoy por hoy nuevamente nos dejan a merced, donde supuestamente existe un anhelo por querer conformar una nueva región, de representantes parias.

 

 

 

 


 
 
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