Domingo, 24 de Septiembre de 2017  
 
 

 
 
 
Opinión

Acunando al Turista cuando tiene miedo

Por Cecilia Palacios-Avalos, Investigadora de Gestión de Destinos del Centro de Investigación en Turismo y Patrimonio (Cityp) de Los Andes

 

 

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Trece años en la ciudad Condal de Cataluña y dos hijos barceloneses, pueden dar asidero al dolor a la distancia que se siente cuando un atentado deja una herida en la vena principal de la ciudad de Barcelona. Cuando un atentado mira explícitamente a los turistas como objetivo, en una ciudad cuya mayor riqueza es – precisamente – la economía del turismo. Se une lamentablemente a otras capitales europeas, donde el turismo es la vertiente principal de las economías citadinas y nacionales.

Sin intención de profundizar en cuestiones políticas y concepciones sobre lo deplorable de todo acto de violencia, más aún cuando el objetivo es masivo, indefenso, relajado, de guardia baja, como es un turista. El mismo quien - por definición de la Organización Mundial del Turismo - son “las personas que se mueven a lugares que se encuentran fuera de su lugar de residencia habitual por motivos personales o de negocios/profesionales”. Esto nos coloca, en una situación de vulnerabilidad al desconocer la cotidianidad del espacio, los lugares de referencia, los espacios de seguridad, el idioma, los puntos de evacuación, u otros elementos que presumiblemente los locales – incluso con temor – pueden reconocer. Como visitantes, en un entorno foráneo que nos es desconocido y sin red de contención suficiente para paliar el natural miedo a lo desconocido y al enfrentarse al peligro.

El deber de los destinos turísticos – que hoy día se amplía en número y características a pasos vertiginosos -, es el de proveer de esa seguridad especialmente al indefenso, al visitante. Tanto ante una situación de infortunio personal o grupal, motivado por un acto de violencia o de una situación de catástrofe natural. Considerar la indefensión de quien viene – casi por definición intrínseca – con la “guardia baja” a disfrutar de un espacio nuevo, poco conocido, por descubrir; resulta menester en toda planificación de la gestión de los destinos turísticos. Considerar todas las situaciones: desde un asalto a un acto de violencia sobre colectivos plurales y en cada plan de gestión, como parte obligada por parte de las instancias que atienden directamente a los turistas (hoteles, restaurantes y espacios de distracción, medios de transportes, guías, espacios patrimoniales, operadores turísticos y de eventos masivos, autoridades de la seguridad y salud pública, consulados y embajadas, entre otros), como también la correcta planificación de la coordinación necesaria entre dichas instancias, la colaboración esperada en forma regularizada y con procesos actualizados y verificados para los diferentes casos.

También cuando ejercemos de turistas, deberemos aprender procesos que – por veces – nos pasamos por alto. ¿Quién realiza formalmente la declaración de visita como residente chileno previa a su visita a un país foráneo en el consulado correspondiente?, ¿conoce la población que existe esta posibilidad?, ¿instruyen los operadores turísticos el proceder ante una situación de riesgo?, ¿nos hemos acostumbrado a poseer identificadores personales como pulseras o cadenas personales con datos de contacto?, ¿nos hemos adecuado a tener los números AA en el celular?, ¿dejamos fotocopias simples del pasaporte en diferentes lugares de nuestro equipaje, para proceder a validaciones en caso de extravío o robo del original?. O lo más básico: ¿viajamos siempre con seguro de viaje y saluda con cobertura internacional? Esto no solucionará la tremenda situación de miedo de una persona o una familia ante un infortunio mayor como puede ser un accidente, atentado, robo con violencia y demás; pero con seguridad disminuirá los tiempos de reacción del destino en proveer un entorno de contención para quienes nos visitan.

En la gestión de destinos turísticos, la planificación de crisis y sucesos es una parte necesaria y obligada que deben abordar los destinos en función del análisis real y consensuado de las posibilidades de riesgos en cada territorio, involucrando a las instancias inmediatas y mediatas que atenderían a la población local y a los visitantes.

 

Y valga aquí un pequeño homenaje a la columna vertebral de la ciudad natal de mis hijos. Tal como dijo Federico García Lorca “La calle más alegre del mundo, la calle donde viven juntas a la vez las cuatro estaciones del año, la única calle de la Tierra que yo desearía que no se acabara nunca, rica en sonidos, abundante de brisas, hermosa de encuentros, antigua de sangre: Rambla de Barcelona”.  


 
 
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